Cada año el circo vuelve a la ciudad y muchos se asombran:
"¡¿El circo?!"Creen que de repente se vuelve a poner de moda, pero el circo es como el rock and roll: no es que vuelva, es que en realidad nunca se fue.
Aunque bien es cierto que el circo ya no es lo que era: ahora intenta parecerse a la televisión, hay coreografías y playback con música machacona de fondo, los payasos no hacen gracia y los pocos animales que quedan tienen la mirada más triste que los espectadores.
Troupe, el nuevo poemario de
Miguel Ángel Ortiz Albero, me ha devuelto el circo de mi infancia, un circo de ilusión, de auténtico espectáculo, en el que todo es posible y en el que los sentimientos están por encima aún del propio circo.
A través de las páginas del libro vemos desfilar a toda la troupe, una galería de personajes que nos van desgranando su ser y su corazón en unos poemas en los que se presentan, cuentan sus proezas, reflexionan sobre su lugar bajo la carpa y declaran su amor al siguiente compañero, con la desdicha de nunca ser correspondidos.
Así, por ejemplo, cuando la Hermosa ciclista en equilibrio le dice al Tragasables
"quisiera ser carne para tu espada, herida / cerrada en las próximas funciones siempre", éste tiene ya la mirada fija en la Bailarina del alambre, con la que sueña
"pasaré la yema de mi dedo por el filo del alambre / que recorre la línea de mi mano".
Payasos, ilusionista, domadores de fieras, contorsionista, hombre-bala, malabarista... ninguno se escapa de ese ideal romántico, de esa angustia por el amor inalcanzable, de esa melancolía de otras épocas de mayor esplendor, de, en definitiva, ese círculo infinito que es el circo de
Troupe.*Troupe, de Miguel Ángel Ortiz Albero, 72 págs., solapa de Manuel M. Forega, Olifante Ediciones de Poesía, junio de 2010.